Patrick Makau y los hombres que derribarán el muro

Relevo generacional en Berlín: Gebreselassie y Makau (Reuters)

Mientras Haile se retorcía asfixiado en el kilómetro 27 viendo a Patrick Makau alejarse escoltado por sus liebres camino de la gloria, la realidad debió representársele en toda su crudeza. Su corona de recordman del mundo de maratón podía pasar a manos del joven keniano… si aguantaba el ritmo. Patrick Makau, que a sus 26 años ya había corrido varios maratones en torno a dos horas cinco, aguantó. Posee desde ayer el nuevo record del mundo, 2:03:38 y Haile Gebreselassie no pudo terminar la carrera.

Una marca por debajo de las dos horas cinco era hace unos años impensable, a finales de los 80 Belayneh Dinsamo hizo en Rotterdam un maratón justo por debajo de dos siete, marca  que se mantuvo como record del mundo durante diez años, hubo que esperar hasta finales de los 90 para que el brasileño Da Costa lo batiera pegándole un sabroso mordisco con una marca de 2:06:05 en Berlín. A partir de ahí parece que, como dicen en el argot futbolero, se abrió la lata y el nuevo siglo nos ha ido dejando un goteo de grandes marcas, altamente improbables una década antes y unas cuantas por debajo de la marca de Da Costa, hasta llegar a los 2:03:51 de Gebreselassie, hasta anteayer la mejor de todas. La pregunta que se nos ocurre a todos es ¿hasta dónde?

La explicación para esta explosión de grandes marcas que empequeñecen las realizadas, por ejemplo, por nuestros fenomenales maratonianos de los 80, incluso las de sus herederos de los 90 sobre las dos horas siete, resultan bastante evidentes. La irrupción de los mejores corredores africanos en la distancia larga ha puesto las cosas en su sitio. Durante el siglo pasado la mayor parte de los campeones del maratón eran blancos, procedentes de países más o menos ricos y con una gran cultura atlética. Ser campeón del mundo de maratón daba gloria y prestigio pero, en lo que se refiere a la rentabilidad económica, cualquier otra distancia más corta era mucho más atractiva. Los grandes talentos del fondo preferían dedicarse por tanto a la pista y a rentabilizar los pocos años de sus carreras deportivas de mitin en mitin antes que embarcarse en la aventura, muchas veces aleatoria y mal retribuida, de preparar maratones.

Sin embargo, las cosas han cambiado, a los Bordin, De Castella, Fiz o Antón de aquellos años, les han sucedido corredores kenianos y etíopes capaces de hacer unas marcas estratosféricas. Los maratones con nombre se gastan un dineral en fijos de salida, además de en suculentos premios y en liebres de grandísimo nivel (la última liebre de ayer en Berlín terminó la carrera en segundo lugar ¡por debajo de 2:08!) Todo hace pensar que, liberado de los escollos que impedían al maratón desarrollarse a pleno rendimiento, las marcas llegarán a donde tengan que llegar.

Stephen Jay Gould

Stephen Jay Gould fue un biólogo evolucionista de renombre, realizó junto a Niles Eldredge una de las muchas aportaciones importantes que han enriquecido en sus matices la teoría de la evolución desde que Darwin la propusiera, la teoría del equilibrio puntuado, que reconcilia la vocación gradualista del darwinismo con algunas observaciones chocantes del registro paleontológico. Pero Gould, además de profesor de paleontología en Harvard, fue un prolífico divulgador científico y un luchador infatigable contra una de las  enfermedades ideológicas que infectan el pensamiento en los Estados Unidos, el creacionismo. Es triste, pero hoy, en pleno siglo XXI, intelectuales de la talla de Gould o de Francisco Ayala, deben malgastar su talento y energía en convencer a la sociedad americana y a sus dirigentes de que el mundo no se creó en siete días. Además, Gould mantuvo, hasta su muerte hace pocos años, una “fructífera” batalla intelectual y científica transoceánica con otro evolucionista de Champions, Richard Dawkins, otro gran biólogo y divulgador que ocupa la “Cátedra de Comprensión Pública de la Ciencia” en Oxford. Dawkins escribió hace años “El gen egoísta”, que aporta una perspectiva clarificadora para comprender otro de los fenómenos en apariencia conflictivos con el darwinismo, el altruismo. Me gustaría seguir hablando de estos personajes fascinantes y su lucha por la aventura más bella al alcance del ser humano, el conocimiento del mundo que nos rodea, pero bueno… igual no viene a cuento.

La cosa es que Gould, además de la ciencia, tenía otra gran pasión, el beisbol.  En uno de sus libros analizaba la evolución de las estadísticas de bateo a lo largo de la historia del beisbol hasta nuestros días, motivo, por lo visto, de agria discusión entre los aficionados en lo que respecta a las razones de esa evolución. Yo no entiendo un pijo de beisbol y he de confesar que esa parte del libro me resultó bastante aburrida. Gould pretendía entre otras cosas, y de hecho lo conseguía de una manera bastante clarificadora, trasladar un concepto que se da en la mejora de las marcas en cualquier disciplina deportiva a una situación particular sobre los datos estadísticos en el registro fósil. El fenómeno en cuestión es lo que él creo que llamaba el “efecto muro” o algo así y que es muy fácil de entender de manera intuitiva. Desde el nacimiento de un nuevo deporte las marcas mejoran a pasos agigantados a medida que la disponibilidad de medios, de mejores deportistas, etc, va aumentando, hasta que se estabiliza y las mejoras, aunque se producen, lo hacen cada vez con menor frecuencia y a una escala menor a medida que se acercan al muro digamos, de la excelencia deportiva. Hasta que un nuevo factor (un avance tecnológico por ejemplo) hace que el muro se desplace. Esto lo hemos vivido hace poco en el salto de pértiga femenino, en el que al principio se batían records cada semana.

Pues bien, faltaría determinar si el maratón es una prueba que se encuentra cerca del muro o, por el contrario, tiene todavía margen de mejora. Yo estoy convencido de lo segundo. Creo que es una prueba que, pese a su enorme tradición, no ha puesto todos sus recursos en juego y está en plena evolución. Además, por las propias características de la disciplina (preparación larga, resultados muy dependientes de factores externos, eventos favorables muy limitados) esa evolución es más lenta que en otros deportes. Si un velocista está en racha puede mejorar sus marcas tres veces en un mes; si un maratoniano está en racha, con suerte hace un maratón bueno si ese día no hace un viento del carajo. Para el siguiente maratón, lo mismo se le pasa la racha.

Así que, con paciencia, yo espero llegar a ver un maratón de dos horas. En la época de Dinsamo teníamos un poco la sensación de estar ante un hecho casi puntual, difícilmente repetible, creo que con Gebreselassie pasaba algo parecido, pero Makau ha demostrado que no es así y que vienen otros…

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2 respuestas a Patrick Makau y los hombres que derribarán el muro

  1. Xabier Leibar, Antonio Serrano y Chema Martínez hacen un interesante análisis sobre el futuro de las marcas en maratón en un artículo publicado hoy en el Diario Vasco. Podéis verlo aquí:
    http://www.diariovasco.com/v/20111001/deportes/atletismo/negros-corren-como-blancos-20111001.html

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