Fin de temporada, cambio de actividad

Me gusta cocinar. Siempre me ha gustado. Es una tarea que me entretiene y a la que le encuentro una finalidad que satisface mi espíritu pragmático. Aunque me parece patética la sublimación de la gastronomía que se practica en mi tierra, donde los cocineros son venerados como chamanes de una religión pagana, la del buen comer (que es, ¡ojo!, diferente de la del bien comer), entiendo que un culto moderado a la comida es algo saludable. Aunque solo sea para resarcirnos del hambre que pasaron nuestros antepasados.

Hoy he preparado un bonito con tomate, el primero de la temporada, que he acompañado de un albariño bien fresco, un Pazo de Señorans, que es un vino que me gusta. También ha sido la primera vuelta en bici de la temporada. Una vuelta tranquila, hora y media por los alrededores de la ciudad buscando los caminos escarpados. Es una pena, ya no quedan caminos de gravilla y tierra a mano. Los que llevamos muchos años con la bici de montaña hemos visto como, poco a poco, han ido hormigonando, o incluso asfaltando, los caminos a todos los caseríos de alrededor. Me he sentido bien en bici, se ve que la temporada de esquí me ha mantenido en condiciones y he disfrutado de este primer contacto, lo complicado han sido los preparativos, buscar la ropa enterrada en el fondo del armario y poner la bici a punto después de muchos meses, han sido tareas que me han llevado más tiempo que el empleado en dar pedales.

Este cambio de actividad según las estaciones es algo que me gusta. El esquí es como el bonito, un producto de temporada que llegaría a empalagar si dispusiéramos de él durante todo el año. Sobre todo a los que vivimos lejos y tenemos que realizar el sacrificio extra de desplazarnos durante horas buscando la nieve. Este año he acabado saturado de la temporada, han sido muchos fines de semana seguidos de carreras, con el estrés que supone conducir, encerar, recoger dorsales, madrugar, correr, etc… y preocuparse, además de lo propio, de lo de los chavales. Ha habido muchas semanas en las que el lunes he ido al trabajo a descansar, ¡benditos lunes! Esta temporada he vuelto a caer en un error que trato de evitar, el de competir mucho y esquiar poco. Y es que ha sido un invierno raro, con toda la actividad concentrada durante febrero y marzo.

En este primer fin de semana en casa después de mucho tiempo, he hecho cosas que me gustan y echaba de menos, como ir a comprar el pescado al mercado de San Martín y charlar un rato con Edurne ¿cuántos años comprándole el pescado, veinte, veinticinco?, desayunar leyendo el periódico con calma en compañía de Idoia, pasear con Tula por Miramón, dar una vuelta con la bici de monte, cocinar y, ahora, como colofón, una buena siesta.

¡Vaya!, solo hay un fallo, el fútbol ha venido a joderme un fin de semana perfecto, la Real juega esta noche a las nueve y media… bueno, creo que van a jugar sin mí.

¡La vida es bella! Incluso sin esquí.

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