Deporte y solidaridad

Tirhas Gebre en los 15 km de San sebastián

Los caminos de arena en escarpada pendiente remontando la ladera de Morlans o los llanos del jardín superior, en el parque de Aiete, recorren un espacio de gran belleza donde uno puede aislarse durante unos minutos del ajetreo de la ciudad. No es un lugar para entrenamientos largos, obviamente. No da para mucho. Pero si buscas pasar un rato un día de mal tiempo o quieres hacer series, el lugar es perfecto. Además de atletas populares como yo, muchos “pros” locales se dejan ver por aquí buscando una alternativa que rompa la monotonía de la pista en Anoeta. Hace tiempo me cruzaba muchas veces con Santi Auzmendi, veterano ilustre, récord de España de varias distancias y en varios segmentos de edad, que se dejaba ver varias veces por semana por el parque haciendo sesiones de calidad.

Últimamente me he cruzado un par de veces con una estrella con luz propia, de esas que eclipsa el entorno con su zancada. Ver correr a un corredor de los buenos es siempre un lujo. Convertir algo tan simple y elemental como correr en un arte, en una especie de baile fluido y en apariencia sin esfuerzo, es un don que muy poca gente tiene.

Hace dos años corría yo la Behobia por primera vez después de un parón de varios años. Salí en el penúltimo grupo con mi dorsal blanco e hice una buena carrera, disfruté una barbaridad y no hice una marca muy mala para mí, dadas las circunstancias. Acabé en hora y media. Cuando bajaba por los toboganes de Lezo, pasado el alto de Gaintxurizketa, cuatro corredores negros, dos hombres y dos mujeres, me adelantaron sorteando gente en un recorrido zigzagueante, a una velocidad vertiginosa. Cuatro ángeles flotando ingrávidos entre una manada de focas torpes y perezosas. Yo no pude apreciarlo, pero me dijeron que corrían con lágrimas en los ojos.

Aquellos atletas que adelantaron, como a mí, a varios miles de corredores, eran cuatro atletas etíopes que habían venido a correr con ayuda del CD Fortuna y de la fundación Etiopía-Utopía. Tirhas Gebre, una joven corredora de 21 años, batió el récord de la prueba, hasta entonces en posesión de Rocío Ríos, la gran fondista que llegó a ser 5ª en el maratón de los JJOO de Atlanta. No pudo subir al pódium, ni siquiera su récord fue oficialmente reconocido, ya que partió con muchos minutos de penalización. Una sucesión de despistes y la mala suerte colocaron a estos cuatro corredores en la salida de Behobia cuando los primeros habían recorrido ya muchos kilómetros camino de San Sebastián. Enrabietados y llorosos, se pegaron una formidable galopada de 20 kilómetros hasta su destino.

Tirhas Gebre es una mujer menuda que corre sin esfuerzo por el parque de Aiete, muy lejos del pueblo donde nació. Una atleta talentosa que en la última edición de la Behobia se ha podido sacar la espina, mejorando su marca de la primera participación y venciendo con autoridad la carrera. Suyo es el récord femenino, ahora ya sí, de la Behobia San Sebastián.

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