La enfermedad como icono

Foto: Dorati/Mellingsæter/webcast.no

Hoy se celebra el día internacional de la osteoporosis, una enfermedad que, automáticamente, todos asociamos con la vida sedentaria y/o los cambios hormonales de la mujer en la menopausia. Parece que la población deportista estaría relativamente a salvo de esta enfermedad. Y hay mucho de cierto en esta creencia… pero, como siempre, con matices.

Padecer una osteoporosis en la tercera edad es algo que no puede ser tomado a la ligera, ya que condiciona enormemente la calidad de vida y la supervivencia en esa etapa (la relación osteoporosis, fractura de cadera, aumento de la mortalidad, es una relación sobradamente demostrada, además de la morbilidad relacionada con otras fracturas). La actividad física, practicada dentro de parámetros saludables,  es una de las armas preventivas más eficaces frente a esa enfermedad.

Sin embargo, la escalada del rendimiento físico y la exigencia de espectáculo empujan a personas a las que equivocadamente tenemos por modelos de salud,  a la enfermedad y el desequilibrio. Las dos chicas de la foto ilustran perfectamente lo que quiero expresar en este post. Para empezar, han renunciado a ser chicas para ser eso, lo que quiera que creáis que son. Pero bueno, eso es lo de menos, no seré yo quien venga a proponer cánones de lo que debe ser o no la estética corporal de la gente, creo que tenemos una sobredosis de eso. Y, la verdad, veo muy bien que haya gente que anteponga otros valores, en mil variadas actividades, por encima de lo puramente estético. Mi crítica va más por la salud y la ética en el deporte.

Es de sobra conocido que los requerimientos extremos del deporte de rendimiento llevan, en determinadas disciplinas, a un control riguroso del peso y que los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia) afectan en proporciones muy alarmantes a las mujeres que las practican a esos niveles. Los trastornos en la alimentación afectan, según algunos estudios, al 62% de las gimnastas, entre el 27-32% de corredoras de fondo o al 33% de esquiadoras de fondo.

Por debajo de cierta cantidad de grasa corporal, las mujeres dejan de tener la regla, ese porcentaje ronda el 17%, con porcentajes inferiores al 22% empieza a haber ya disfunciones y problemas de ovulación. Los porcentajes promedio de grasa corporal en las mujeres deportistas ronda el 13%, las de la foto no se acercan a esa cifra ni de lejos, como ocurre con la mayoría de atletas de resistencia (porcentajes promedio en torno al 8% de grasa corporal). En deportes como las carreras de fondo la amenorrea es muy frecuente, habiendo estudios que calculan desde  una incidencia del 25% a otros que llegan al 65%.

Hay quienes piensan que, realmente, la menstruación es una función fisiológica no solo incómoda y latosa en los quehaceres diarios de una mujer deportista, sino que además es prescindible. Lo que ignoran, o prefieren no considerar, es la relación que existe entre la amenorrea y la osteoporosis (y según estudios recientes entre amenorrea y enfermedad cardiovascular). La desaparición del efecto protector de los estrógenos hace vulnerable el hueso a la descalcificación, aumentando el riesgo de fracturas de stress y exponiendo el organismo a una osteoporosis prematura. Además, cuanto más irregular sea la menstruación, más largos los periodos de amenorrea y menor el número de ciclos menstruales a lo largo de la edad teórica de fertilidad, mayor es la probabilidad de que esa mujer padezca en el futuro una osteoporosis. Esa descalcificación ósea puede no llegar a ser totalmente reversible a pesar de la reinstauración de la menstruación al normalizar los hábitos deportivos. El uso de anticoncepticos orales para regular el ciclo menstrual en estos casos no parece la medida más recomendable, ya que no afronta el origen del problema, sino parte de sus consecuencias. Además, sus resultados son inciertos, cuando no contrarios al objetivo de proteger la densidad ósea, como se sugiere en el artículo.

En el caso de las mujeres de la fotografía, especialmente la de la izquierda, llama la atención, además, el extraordinario desarrollo muscular, que dibuja un incómodo signo de interrogación sobre los medios para obtenerlo.

No sé por qué intrincados caminos puede discurrir la voluntad de un ser humano  para que, en esa balanza de pros y contras, pueda arriesgar su salud y su vida a cambio de la gloria o el dinero. Francamente, me da bastante igual, lo que sí me preocupa es que cánones estéticos que reflejan claramente la enfermedad y el desequilibrio se conviertan en referentes, en iconos de un deporte, en ejemplos a seguir para quienes se inician.

No es que salud y deporte no sean compatibles, son incluso sinérgicos, deberían serlo,  pero a veces, desgraciadamente, se convierten en enemigos acérrimos. En el día mundial de la osteoporosis, quizá convenga recordar lo que se ha dado en llamar la “triada de la mujer deportista”: trastornos de la alimentación, amenorrea y osteoporosis.

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Una respuesta a La enfermedad como icono

  1. marilis dijo:

    Muy interesante, tanto la información como la reflexión.Creo que voy a mandar el enlace de tu entrada a más de una persona…

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