Descubrir

Fue una tarde de verano en Arnedillo. Recuerdo el rincón penunmbroso y fresco del comedor, mientras el personal de Fonda Moral descansaba, mientras todos estaban en la siesta. Recuerdo el olor a detergente de los manteles planchados, las pilas de vajilla sobre las alacenas, dispuestas para el siguiente servicio.

Recuerdo el tacto de sus manos, que agarraban las mías, el roce de su cabello sobre mi cara… nada más. Ni el sabor supuestamente dulce de aquel primer beso, ni su nombre, ni su rostro. Ni siquiera una sensación placentera, más allá de sentirse deseado. Ni siquiera la fuerza del deseo, que empujara mis gestos. Tal vez una vaga sensación de orgullo frente a los otros niños y el convencimiento íntimo de no saber por qué fui yo el elegido.

Volví otros veranos a aquel rincón oscuro y fresco. A aquella hora mágica. Dispuesto. Cargado de deseo. Preparado.

Pero Ella ya no estaba.

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2 respuestas a Descubrir

  1. marilis dijo:

    ¡Ufff…! ¡Qué bonito, Rafa…! Delicado, tierno, escrito a colores tenues…no sé, precioso. Un regalo. Besos.

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