Montaña y responsabilidad

Sal-TemLa trágica muerte de una montañera en la sierra de Gredos, formando parte de una salida organizada por un club de montaña, ha creado una cierta polémica de la que se han hecho eco los medios de comunicación, trasladándola a la opinión pública. Para los estamentos vinculados a la montaña, federaciones, clubes o guías de montaña, el episodio ha supuesto un motivo de reflexión más profundo. Reflexión siempre presente en este deporte, como no puede ser de otro modo cuando de lo que hablamos es de la seguridad y de la vida de quienes lo practicamos, pero que últimamente incorpora, de una manera cada vez más patente, aspectos legales y de responsabilidades derivadas de nuestros actos.

Lamentablemente, todos los años muere un buen número de personas en accidentes de montaña, ha sido así siempre y lo seguirá siendo, el montañismo en cualquiera de sus facetas (en unas más que en otras) es un deporte de riesgo, minimizar ese riesgo es, sin embargo, la tarea en la que todos los sectores implicados debemos empeñarnos.

He visto ciertas actitudes de tirarse los trastos a la cabeza después de este último accidente, de culpabilizar y acusar poniendo en entredicho, no una actuación concreta, sino una generalidad, una forma de hacer. Ha habido quien nos ha dicho que los clubes no tienen capacidad, por la escasa formación de sus responsables, de organizar salidas sin el concurso de profesionales titulados.

Me atreveré a rebatir ese punto de vista. Como digo, el montañismo tiene muchas facetas, dependerá de éstas el grado de compromiso y riesgo de las actividades que afrontemos. Desde la ascensión mañanera por camino a una de las cimas familiares que rodean nuestra ciudad hasta la escalada en condiciones invernales de una gran montaña, la gradación en dificultad y riesgo (conceptos muchas veces confundidos, pero que no son equivalentes) es casi infinita. Parte inexcusable de nuestra formación como montañeros consiste en saber en qué punto de esa escala debemos situarnos para actuar con garantías, a partir de qué punto deberemos recurrir a la compañía de expertos para realizar actividades que están fuera de nuestro alcance, si es que realmente nos interesa. Esos expertos pueden ser compañeros con más experiencia o profesionales.

El conocimiento montañero, en las técnicas y en la estrategia, es algo que tradicionalmente se ha transmitido dentro del grupo de amigos o dentro de los clubes, en un flujo transmitido de los iniciados a los noveles. Esto ha sido siempre así y, quienes dimos nuestros primeros pasos acompañados de amigos con más experiencia y conocimiento, terminamos guiando y acompañando a otros, siempre dentro de los límites de lo razonable. Repito, conocer dónde están esos límites, diferentes para cada uno, es la piedra angular de la seguridad en la montaña. Poner en nuestra mano los medios para mejorar la formación es también una de las tareas más importantes, tanto de las federaciones como de los clubes. Ha habido quienes, llegados a cierto punto, han querido hacer de ello su profesión y han buscado la excelencia a través de una formación reglada y la consecución de un título que les permita ejercer la profesión de guías de montaña a cambio de una retribución económica. El servicio que estos profesionales hacen al colectivo montañero es de gran valor, mejorando tanto la calidad de las actividades como su seguridad, allá donde nuestros conocimientos y experiencia se acercan a nuestro límite.

Correlacionar ese entramado de agentes y estructuras, noveles, expertos, guías, grupos de amigos, asociados, con esas actividades y la escala de riesgo-dificultad que les corresponde, es lo que mejor saben hacer los clubes y es lo que llevan haciendo muchos años, muchas generaciones. Lo hacen con tal rigor y éxito, que es rarísimo, excepcional, que un acontecimiento como al que nos hemos referido al inicio, se produzca. La inmensa mayoría de los accidentes que se producen en la montaña ocurren en grupos de amigos o en solitario y una cantidad no despreciable, acompañados de un guía profesional. Acusar a los clubes de ligereza, irresponsabilidad o falta de rigor a la hora de gestionar sus salidas es totalmente inexacto y por tanto, injusto.

No hay duda de que hay que regular, reglamentar y legislar, sobre todo, para que cada cual sepa cuál es su lugar. Para dar la formación precisa a cada uno de esos agentes y, como digo, para facilitar a cada uno el conocimiento de la realidad de sus posibilidades como principio básico de la seguridad. Lo que no podemos es reglamentar con criterios maximalistas y tan restrictivos que terminen por ahogar la actividad. La actividad deportiva en el medio natural es un recurso económico importante para distintos sectores pero es, sobre todo, una fuente de valor incalculable para el enriquecimiento personal y la salud de los ciudadanos. Hay que regular con los pies en el suelo y la mirada puesta en el bien común, no solo desde la defensa de los intereses particulares.

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3 respuestas a Montaña y responsabilidad

  1. Joseba dijo:

    Zentzu onez betetako hitzak, beti bezala. Zorionak, Rafa.

  2. Carlos dijo:

    Totalmente de acuerdo Rafa. En la montaña siempre se han transmitido asi los conociminetos y espero que se siga haciendo de la misma forma muchos años.

  3. Pingback: Montaña y responsabilidad, 2ª parte. |

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