El Midi, ¡qué gran montaña!

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Hace poco, Suso nos recordaba aquella célebre frase de Maurice Herzog: «No es más quien más alto llega, sino aquél que, influido por la belleza que le envuelve, más intensamente siente»

Que el Midi D’Ossau es una gran montaña es algo que comprendí, hace tiempo, al darme cuenta de lo que me costó entender su compleja arquitectura de puntas accesorias, estrechas brechas, corredores, chimeneas y repisas que se asoman al oscuro abismo. Cuando te das cuenta de la dimensión verdadera de lo que tu vista abarca, esas paredes imponen.

Colocada como un obelisco sobre las laderas herbosas que ascienden hasta el Portalet, los ochocientos metros de roca compacta y vertical dominan de manera altiva el paisaje, cualquiera que sea la perspectiva desde la que contemples su figura. Hollar su cumbre es una tarea inexcusable para cualquier pirineista, una atracción irresistible.

He escalado varias veces en el Midi, pero solo una vez había estado en su cumbre principal, subiendo casi a la carrera por la vía normal, bajo un desagradable ventarrón, controlando con el rabillo del ojo la tormenta que arremolinaba oscuros nubarrones sobre Peña Telera. Fue un agosto caluroso tras una primavera muy seca, mi recuerdo de la ruta era el de una sucesión de tres pequeños resaltes que se superaban trepando y sendero con hitos para ir de uno a otro. Lo hice en compañía de Leire, Xabi y Mikel, mis amigos txirrindularis de Urnieta.

El otro día acepté encantado la propuesta de Txema de subir al Midi, como primer objetivo de una semana por el Pirineo. Pensé en una ascensión más tranquila, entre semana, sin gente y con el tiempo sobrado para disfrutar. Sin embargo, la extraordinaria innivación de este invierno y la primavera casi invernal que hemos tenido, me preocupaban un poco, llegábamos a final de junio con muchísima nieve en el Pirineo. Pocos días antes de nuestra salida pude ver, en las imágenes de la Quebrantahuesos, que el Midi mantenía todavía bastante nieve, protegida entre sus nervaduras de roca de la acción del sol. Crucé los dedos para que el tránsito entre las chimeneas de la vía normal no tuviera demasiada nieve.

Obviamente, cruzar los dedos no suele servir de nada, superado el primer resalte vimos rápidamente que aquello no iba a ser un paseo a la carrera interrumpido por pequeñas trepadas. En realidad, el franqueo de alguno de los neveros iba a ser la parte más complicada, en algún punto expuesta, de la ruta. Nos costó lo nuestro. Después de trajinar mucho con la cuerda, abrir huella, esquivar algún puente de nieve de dudosa consistencia y embarcarnos en algún punto, conseguimos salir al Rein de Pombie bastante más a la izquierda de lo debido (la ruta estaba totalmente desfigurada por la nieve, al menos para alguien que solo había subido una vez y sin prestar demasiada atención). De allí a la cima, un delicioso paseo por las alturas.

Creo que es una de las ascensiones que mejor sabor me ha dejado, por lo trabajado, por el ambiente, por el privilegio de la soledad en una ruta normalmente tan concurrida y por la compañía. El descenso fue más sencillo, unos cuantos rápeles y algún destrepe con cuidado nos dejaron de nuevo en el col de Souzon, mucho más tarde de lo previsto, perseguidos por las nubes que, poco a poco, iban ocultando el camino recorrido según perdíamos altura.

En mi mapa subjetivo de montañas, el Midi ha crecido tras esta ascensión, he hecho vías mucho más difíciles en sus paredes, sin embargo, no recordaré ninguna con tanto sentimiento como ésta, que me haya llenado tanto. Creo que el hecho de que su vía de acceso más fácil pueda deparar estas sensaciones, habla de la categoría de esta montaña formidable.

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3 respuestas a El Midi, ¡qué gran montaña!

  1. Txema dijo:

    Una gozada de ascensión.
    Gracias Rafa, me haces sentir más montañero!!

    • Miren dijo:

      Da gusto veros…El Midi siempre ha sido una de mis montañas preferidas. Esa silueta que despunta la veas desde donde la veas…¡Preciosas fotos y precioso reportaje Rafa!…

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