Por un plato de babarrunas

b1Ayer, mientras volvíamos de Goizueta en el coche de Lluis, salieron en la conversación las rarezas de la gente, ya se sabe, eso de “hay gente pa tó”. De hecho, hay quien se va hasta Goizueta corriendo por un plato de alubias. A ver, que están muy buenas, eh, con sus sacramentos y eso… pero corriendo… ¡!

Bueno, por las alubias y algo más. En realidad, bien pensado, es el mejor método para ir a Goizueta: saludable, divertido y barato. Si, además, uno va en buena compañía, ni te digo.

El año pasado me quedé con las ganas de correr la Babarrunjaleak, carrera de Donostia a Goizueta que hacemos el grupo de korrikalaris del CVCE. Bueno, lo de carrera es un decir, en realidad vamos en grupetes, al trote, charlando de nuestras cosas mientras participamos en un evento cuya única norma estricta es la de no ir solo. Este año, en compañía de Juancar Sanz y Jesús Eguimendía, formamos la patrulla que cerró la carrera. Yo no me veía haciendo el recorrido completo y, en vez de los treinta y tres kilómetros desde Donostia, hice veintiuno, saliendo desde Pardiola y evitándome los primeros doce de asfalto. El bueno de Jesús hizo como yo, según me dijo, no porque viniera de correr el Maratón de Groenlandia el domingo pasado (después de correr también el medio maratón la víspera) sino porque no quería darse la paliza, quería llegar con ganas de comer alubias… Juancar sí que salió desde la sede del club, dentro de su plan de preparación para el maratón de San Sebastián.

b2Mi plan inicial era correr con Manu, pero finalmente optamos porque corriera con Carlos y compañía, que van más rápido, y evitarle al chaval el aburrimiento de correr al ritmo cansino de su padre.

Fue un día perfecto, con un tiempo ideal para correr, una compañía inmejorable, de conversación amena, una ducha reconfortante y un menú y sobremesa de nota. Del recorrido, ¡qué os puedo contar!: no hay para mí paisaje más familiar y cargado de recuerdos, caminos por los que haya pasado tantas veces y donde me sienta más en mi lugar.

Hablando de carreras, de montañas, de paisajes helados, de escalada y de viejos recuerdos, los kilómetros entre Pardiola y Goizueta fueron pasando casi sin sentir, sin esfuerzo; los desniveles del principio, el suelo mullido por las agujas de pino, la lluvia en la cara o el viento del final, eran como pequeños adornos que decoraban el curso absorbente de la conversación. Un placer añadido para los sentidos.

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Una respuesta a Por un plato de babarrunas

  1. Miren dijo:

    ¡Vaya trío de campeones!

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