El bosque de Fontainebleau

Nunca he entendido muy bien esta afición por subir piedras pequeñas por sitios difíciles que tienen mis amigos, justo al revés de lo que a mí me gusta, que es subir piedras grandes por sitios fáciles. Pero lo cierto es que el Boulder tiene sus adeptos, algunos bastante fanáticos, tanto como para pegarse una panzada de kilómetros para subirse a un par de guijarros desperdigados por el campo.

Dicen que, además de la “gimnasia” propia de la disciplina, con sus exigencias tanto físicas como técnicas, es una actividad muy “social”. Vaya, lo mismo dicen del golf. Un conocido me solía dar la brasa con eso (ya ha desistido), estaba empeñado en que tenía que probarlo porque era muy saludable y muy social… no sé si sabéis, ese juego que consiste en meter una pelota en un agujerito que han hecho previamente en mitad del césped, cuanto más lejos, mejor (como el boulder, cuanto más difícil, mejor).

Andoni y Antton estuvieron de nuevo en Fontenebleau, esta vez acompañados de un par de colegas, y se trajeron este vídeo que refleja el ambiente y el tipo de cosas que se pueden hacer en los pedruscos de aquel bosque.

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