Paisajes industriales

Electroquímica

Electroquímica de Hernani

Sagastietako lepoa es un collado situado en las afueras de Hernani, un mirador privilegiado desde el que se domina la comarca de Donostialdea, la urbe con su intrincada red de comunicaciones, sus fábricas, sus polígonos industriales y los edificios que albergan a una buena parte de los habitantes de una región con una alta densidad de población.

El lugar es despejado, se sale del bosque justo cuando llegas allí por el camino, junto a un magnífico dolmen muy bien conservado. Unos pocos árboles autóctonos acompañan a un lado sin entorpecer la visión. Hacia el Sur queda la parte alta del Urumea con sus profundos valles cubiertos a veces de pinos y otras de hayedos, sobre todo cuando nos adentramos en Navarra. A un lado la vertiente más agreste del Adarra y al fondo las siluetas inconfundibles del Hernio e Izarraitz. Al Norte la costa, desde las laderas de Jaizkibel hasta el extremo de Mendizorrotz y Kukuarri. Son perfiles familiares para quienes acostumbramos a mirar hacia arriba.

A mis pies Hernani y más allá Donostia, la ciudad en la que vivo.

Atardecer Zelatun

Col de Zelatun, entre Hernio y Gazume

Hoy he venido a esperar la puesta de sol y a la belleza previsible de las cálidas luces del atardecer le ha seguido otra más inesperada y sorprendente. En la oscuridad, la bestia taciturna que se agita en el fondo del valle exhalando sus vapores malignos, se ha vestido de luces. El eco de sus gruñidos que remonta las laderas llenando el aire de sonidos inquietantes, parecía más amable, más humano.

La actividad industrial que rodeaba Hernani en los sesenta y los setenta marcó la infancia de mi generación. El tiempo transcurría al ritmo dictado por la intensa actividad fabril, literalmente: el “tutu” de las distintas fábricas gobernaba los quehaceres de nuestros mayores, mientras el olor a pasta de papel impregnaba el aire que respirábamos y un eco sordo de actividades metalúrgicas misteriosas resonaba a veces en mitad de la noche.
El paisaje industrial al que da lugar toda esa actividad es un paisaje ingrato, algo a lo que, en nuestro afán por perseguir un modelo idealizado de belleza, tratamos de dar la espalda. Sin embargo, forma parte de nosotros, seguramente mucho más que las siluetas de los montes que adivino en la oscuridad.

Dice un amigo que si cortáramos la provincia de Gipuzkoa con un serrucho por la curva de nivel de cota doscientos, sería un paraíso, un vergel de bosques profundos, caseríos seculares y airosas montañas. Es cierto, sí, pero nosotros no seríamos nosotros…

Zikuñaga

Papelera de Zikuñaga

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