Las joyas de Charles Jouas

cj4Me resulta muy difícil describir la emoción que siento ante la simple contemplación de determinados cuadros. Supongo que debe de ser algo parecido a lo que algunos sienten con la música (y que a mí me resulta generalmente tan ajeno). Mientras me quedo pegado contemplando cada detalle de la indumentaria de Louis Le Bondidier, una familia, de visita al Château Fort de Lourdes, entra por una puerta y sale por la otra de seguido, sin prestar atención a las obras que cuelgan de las paredes. Lo mismo ocurre con una joven pareja que dedica distraída apenas dos minutos a la exposición. Un matrimonio mayor entra después y está algo más de tiempo, incluso hace un par de comentarios sobre los lugares que reconocen en algunas de las pinturas. Mientras tanto, yo sigo recreándome en el trazo preciso del artista en cada pliegue de la chaqueta del pirineista, en la suela de sus botas o en la expresión soñadora de su mirada, da igual: trato de descubrir los titubeos del dibujante en la ejecución, sus correcciones sobre la marcha hasta ajustar la proporción exacta, la postura buscada… Idoia hace rato que, tras una visita que ella diría “normal”, espera fuera.

cj1Si Gustave Doré es el más celebrado y Franz Schrader el más “científico” de los artistas que dedicaron parte de su talento a representar la belleza del Pirineo, para mí Charles Jouas es el de mayor sensibilidad. Con diferencia. En el 97 el Museo Pirenaico de Lourdes, que posee una buena parte de los dibujos y pinturas del artista bajo esta temática, hizo una exposición monográfica que no tuve oportunidad de ver y editó un pequeño catálogo, a la venta en el propio museo. Aunque lo he intentado un par de veces, no había conseguido ver la obra de Jouas ni hacerme con el catálogo. Cada cierto tiempo buscaba en Internet (¡bendito Internet!) el nombre de Charles Jouas con la convicción de que, algún día, el museo tenía que volver a mostrar la obra del artista. Después de varios años de espera… ¡por fin: este verano y hasta el 31 de octubre!

cj6Charles Jouas fue un ilustrador muy solicitado que realizó dos fructíferos viajes al Pirineo. El primero por encargo de Henri Beraldi con la intención de ilustrar su obra “Cent ans aux Pyrénnées”, que finalmente se publicó sin los grabados de Henri Paillard en base a los dibujos de Jouas, se supone que por cuestión económica. El segundo viaje lo realizó para cumplir los encargos de Le Bondidier, en aquella época conservador del museo, que sujeta su largo piolet ante mí sobre un fondo de montañas dibujado con detalle.

cj3Descubro boquiabierto en la exposición obras que ya conocía pero que me impactan al verlas al natural, como el archiconocido retrato de Henri Russell en su famoso saco de piel de cordero.

cj5Me deleito ante la exquisitez de la cascada de Gavarnie, luminosa bajo los estratos que ascienden por la arista Passet hasta coronar el Marboré y un deseo irrefrenable me llama para transportarme hasta allí.

cj2Admiro la fuerza del torrente en las proximidades de Aigualluts bajo la figura dominante del Aneto.

Me sorprenden también cuadros que no conocía como el de los caballos con las Maladetas al fondo y me rindo, completamente, ante esa maestría en el dibujo y su capacidad de expresión con tres toques de color mezclando sanguina, pastel, témpera, acuarela, plumilla… en una técnica mixta que se repite con acierto en los pequeños paisajes de lugares que admiro antes de ser convertidos en obras de arte.

cj8Me ocurre muchas veces: hay cuadros que vistos directamente tras conocerlos previamente en publicaciones, me sobrecogen por sus dimensiones. Es como si, en cierto modo, el tamaño también importara (que, de hecho, importa en la pintura). Las obras de Charles Jouas que tengo delante son todas de pequeño formato, de cuaderno, algunas son simples apuntes, otras más elaboradas, pero siempre pequeñas y, sin embargo, o quizá precisamente por eso, me emocionan más si cabe.

Dice el catálogo que Charles Jouas fue el último heredero, antes de la era moderna, de la técnica y la inspiración romántica. Si os gusta la pintura, si os gusta la montaña y especialmente el Pirineo, no perdáis la oportunidad de admirar estas joyas que forman parte por un lado del patrimonio artístico y por otro, de la Historia del Pirineismo. Hasta el 31 de octubre en el Museo Pirenaico de Lourdes.

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