Lejos de todo

BorauNo sé qué me pasa, esta mañana he aparcado el coche en Rioseta y, como tantas veces, me he puesto en marcha sendero arriba justo antes del amanecer. Y ahora estoy aquí sentado, en silencio.

Escucho el jadeo de Filo, tumbada a mi lado, el murmullo de los arroyos en la lejanía y, de vez en cuando, el ruido de las piedras que ruedan ladera abajo al paso de algún sarrio. Mi idea inicial de dirigirme hacia el Aspe se ha ido evaporando según subía… ¿A dónde iba yo? No me acuerdo.

Estoy asomado a la cubeta de Tortiellas donde hace mucho, mucho tiempo, había encerrado un lago de montaña. Hoy, sobre la verde llanura creada tras su colmatación, pastan tranquilos varios sarrios, confiados en que nada ni nadie les importunará en ese lugar apartado. Mi cuerpo me dice que no quiere seguir subiendo, los sarrios me piden que no baje allá a darles el coñazo, y se está tan bien aquí, sentado sobre esta piedra… Esta piedra que un día, mucho antes de que hubiera aquí un lago de montaña, ¡qué digo! antes de que hubiera montaña alguna, era un sedimento en el fondo de un mar somero del que todavía puedo ver, aquí y allá, algunos erizos que sobresalen. ¡Qué profundos secretos esconden estos lugares silenciosos!

erizosDespués de una semana en Chamonix, con su trasiego de gente, su ruido de helicópteros, sus teleféricos, miro estas montañas solitarias y me asombro. Me asombro de que estando tan cerca me puedan hacer sentir tan lejos de todo…

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