Paul Bride, fotografía sin concesiones

PB1Ayer celebramos en la Sala Andia de Kutxa la ceremonia de entrega de premios de CVCEPHOTO, el concurso internacional de fotografía de actividad de montaña que organiza el Club Vasco de Camping.

Este segundo año hemos mantenido el nivel fotográfico con el que debutamos en la primera edición, con la participación de muchos de los nombres de referencia en este mundillo y fotografías de gran calidad, como tuvimos ocasión de ver en el vídeo con las cincuenta imágenes seleccionadas por la organización.

Cuando hace varias semanas Xabi Mata me informó del fallo del Jurado, me alegré un montón: primero porque la foto ganadora me gusta muchísimo y, segundo, porque me alegro de que el autor premiado sea, precisamente, Paul Bride.

Por mi condición de montañero, mucho más que fotógrafo (que no lo soy), valoro más el mensaje que el formato, el contenido que el continente, en este tipo de fotografías. Para mí, la técnica y las reglas artísticas relativas a composición, luz y color, son, por expresarlo de alguna manera, un trámite de cumplimiento obligado. Como dice mi amigo Andoni Arabaolaza, el pie de foto, el contexto, cobra tanta importancia como la foto en sí.

Entiendo que haya gente que no lo vea así y valore la calidad de una foto posada, un escenario con figurantes, por sus cualidades meramente visuales: hay muchas fotos de ese tipo, algunas muy, muy buenas y premiadas en grandes concursos. No digo que no me gusten, pero su mensaje no me toca en el mismo lugar al que me llegan esas otras fotos con mensaje humano.

Contraponer al montañero frente a la Naturaleza inabarcable, poniendo en evidencia sus limitaciones, y hacerlo de una forma poética, no es fácil. Sobre todo, si el propio artista está también implicado en la situación.

Creo que en treinta años la fotografía de montaña (supongo que toda la fotografía) ha evolucionado una barbaridad. Y lo ha hecho a través de los recursos técnicos puestos a su servicio. Desde las herramientas digitales hasta aspectos accesorios como puede ser un dron, por ejemplo. Todo esto hace que abunden las fotos “llamativas”, que cuando vemos fotografías de otros tiempos, nos parezca que han perdido aquel brillo, el aura mágica que tenían. Sobre todo en la fotografía en color.

Sin embargo, las buenas fotografías con mensaje, con carga emocional, no son tan abundantes.

“The Storm”, la fotografía ganadora de CVCEPHOTO este año, es una fotografía que traslada toda la fuerza de la naturaleza implacable frente a la fragilidad del ser humano o, precisamente lo contrario, la determinación del ser humano frente a la naturaleza implacable (yo, por mi forma de ser irremediablemente optimista, me quedo con la segunda versión). Es curioso que una fotografía que nos muestra apenas unos metros cuadrados de la superficie de una montaña sea capaz de sugerir sensaciones que normalmente requieren horizontes más amplios. Tomando la parte por el todo, esas rocas cubiertas de nieve y esas fisuras heladas, con su especial textura, hacen presente la idea de la gran montaña. Al mismo tiempo, la imagen es además de una gran belleza a pesar de su simplicidad (o quizá, precisamente por eso) si consideramos únicamente sus valores estéticos: la superficie rocosa parece casi un dibujo a lápiz. Cuando la miro, veo en “The Storm” un hombrecillo dentro de una copa de cóctel llena de hielo picado.

Me alegro de que el ganador sea Paul Bride porque me gusta su fotografía. Porque es un fotógrafo con poco artificio, que se esfuerza en hacernos partícipes, en sus fotografías de escalada, de la actividad tal como es. Cuando digo “con poco artificio”, no digo que su fotografía sea espontánea (aunque lo parece), no planificada. Su proceso de planificación se limita, como él mismo dice, a buscar el lugar y esperar el momento. Esas dos simples premisas, en apariencia sencillas, pueden resultar muy, muy complicadas en una gran pared o con una meteorología adversa.

No me gustan las fotos estridentes, ni la moda de las imágenes nocturnas en las que “se pinta con luz”, ni los flashes que intentan rellenar sombras, ni los escenarios “elegidos” solo por su belleza, ni los “figurantes” puestos ahí para justificar la fotografía…

Si aceptamos que en una buena foto de actividad de montaña hay una parte que la pone la fotografía y otra puesta por la montaña, puedo entender, como mucho, hasta un fifty-fifty en ese reparto.

“The Storm” está hecha en “Sioux Wall” en el Ben Nevis, en unas condiciones que no hace falta describir con palabras. El escalador es Marc André Leclerc, un joven canadiense con ascensiones impactantes en el Mt Robson (Emperor Face en solitario) o el Cerro Torre (primera a la Directa de la Mentira o primera en solitario a The Corkscrew), además de muchas grandes ascensiones y primeras en las Rocosas de Canadá. El mérito de fotógrafos como Paul Bride consiste en trasladarnos algo de esas experiencias formidables, en situaciones límite, vividas por escaladores punteros como Leclerc.

Durante la cena posterior a la ceremonia de entrega de premios, un fotógrafo me decía que esta otra fotografía de Paul Bride, premiada en el Memorial Maria Luisa, no le parecía merecedora de tal premio: “es una foto que no tiene nada”, me dijo. La podía haber hecho cualquiera… Precisamente, eso es lo que me gusta: que “no teniendo nada”, sea tan impresionante.

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