El amansadero de libélulas

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Cuando esta mañana nos dirigíamos a la entrada del Parque Nacional croata de Plitvice, no pensaba que iba a disfrutar de un encuentro tan satisfactorio. No dudaba de la belleza del lugar, salpicado de lagos de aguas cristalinas y colores increíbles en mitad del magnífico bosque de hayas y abetos, lo había visto en muchas fotos pero, encontrarme con estos caballitos del diablo con esa disposición a ser fotografiados… eso no me lo esperaba.

Siento una fascinación especial por las libélulas desde niño, creo que mis recuerdos se remontan a la época en la que pasábamos algunos veranos en Soria y alguien, probablemente mi padre, me contó que aquellos bichejos con forma de helicóptero y vivos colores, incapaces de quedarse quietos un segundo, estaban en riesgo (ya entonces) de desaparecer.

Mucho más tarde tuve la oportunidad de comprobar las dificultades de fotografiarlas. Fue cuando Manu era un bebé y yo aprovechaba sus siestas pirenaicas para deambular por los arroyos próximos con el tele en busca de sus posaderos. Las libélulas son muy territoriales y merodean siempre los mismos tramos del torrente, oteando desde lugares fijos en busca de posibles presas: encontrar esos lugares permite esperar con paciencia a que vuelvan.

Aunque tengo alguna bonita foto de aquella época, descubrí que las libélulas son animales difíciles de fotografiar. Según mi experiencia, son muy sensibles a nuestra presencia y bastante desconfiados. También me familiaricé con su aspecto y sus hábitos hasta ser capaz de reconocer unas pocas especies. La verdad es que era un entretenimiento divertido que abandoné cuando Manu creció y tuve más libertad para moverme.

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Calopteryx virgo (hembra)

Lo último que esperaba hoy, como digo, era que la jornada tuviera algo que ver con estos fantásticos insectos. Hemos dado una vuelta por los lagos de Plitvice. Ha sido muy bonita la experiencia de entrar en el parque, también la de pasear por las pasarelas que bordean cascadas y lagos en mitad del bosque, pero lo más bonito ha sido poder largarse de allí a un lugar con menos gente… en fin, ¡y eso que estamos a mediados de julio!, agosto tiene que ser impracticable. El día de ayer fue mucho más placentero, recorriendo la garganta de Paklenica, un lugar en el que ¡sí! te dejan bañarte en sus pozas y admirando, en un entorno de montaña con poca gente, las tentadoras paredes de la cara norte del Anica Kuk (350m de magnífica caliza y vías superinteresantes), antes de bajar a echar la siesta a una playita tranquila. El lugar de hoy era espectacular, sin duda, pero masificado.

Desde que hemos empezado la excursión, a media mañana, he visto que había casi tantas libélulas como seres humanos pululando arriba y abajo junto a los rápidos de los torrentes. Me he limitado a su observación complaciente durante toda la jornada pero, a medida que pasaba el tiempo he observado que, a diferencia de las libélulas que yo había visto hasta ahora, estas otras no se dejaban intimidar fácilmente, posándose junto a los caminos concurridos a muy poca distancia de los paseantes.

En viajes de este tipo suelo llevar desde hace años una cámara compacta, una Lumix DMC (ahora tengo la LX7) que, aunque no es muy compacta, tiene una buena óptica y es bastante luminosa. Tiene además una focal bastante corta que me encanta para el tipo de fotos de vacaciones que hago. A cambio adolece, claro está, de un tele muy limitado.

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Calopteryx virgo (macho)

Así que yo iba pasando por delante de todas esas libélulas posando para mí y dudaba si enfocar la cámara hacia ellas o no, convencido de que no me iban a dar opción. Hasta que nos hemos tenido que parar en una cola interminable para coger el barquito de regreso y me he decidido. Me he quedado estupefacto, casi tanto como cuando, siendo adolescentes en Los Tilos, pedías baile a una chica y te decía que sí. Las libélulas (en este caso caballitos del diablo) me permitían acercar la cámara hasta una distancia que ni en mis mejores sueños… sin inmutarse. Y si lo hacían, volvían en diez segundos a posarse en el mismo sitio. ¡Están tan acostumbradas a ver pasar gente que no les preocupa lo más mínimo!

He sacado estas tres fotos en quince minutos en un trayecto de escasos veinte metros mientras esperábamos. Acercarse sin prisa, con la cámara grande y el macro de 300mm a una hora con menos gente ¡tiene que ser como para darse un atracón!

(Los caballitos del diablo y las libélulas pertenecen al orden de los Odonatos. Aunque es fácil confundirlos, tienen varias diferencias, la más evidente es la orientación de sus alas: las libélulas (suborden Anisoptera) tienen las alas horizontales, mientras que los caballitos del diablo (suborden Zygoptera) las tienen verticales, como se puede ver en los Calopteryx de las fotos. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza advierte del riesgo de extinción de especies de libélulas y caballitos del diablo en la región mediterránea, debido a la degradación o progresiva desaparición de sus hábitats naturales).

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