Buenas noticias: el cáncer aumenta

Cancer-El-Legado-Evolutivo

Nuestro sometimiento permanente a un torrente de información absolutamente ingobernable nos obliga a ser selectivos a la hora de centrar nuestra atención para descartar lo que consideramos superfluo y quedarnos solo con lo interesante. Los expertos de la comunicación lo saben y valoran por ello la importancia de un buen título, la entradilla de una noticia o un eslogan llamativo. Un buen título nos orientará sobre el contenido del artículo, uno sensacionalista, muchas veces sacado de contexto e inexacto sin sus correspondientes matices, buscará simplemente atraer la atención por lo impactante.

El título que he elegido para este post es rigurosamente cierto: es una buena noticia que el cáncer vaya en aumento y, aunque lo he elegido para llamar la atención, trataré de sostener que es asumible esa afirmación.

Hace poco leía este artículo que se publicaba con el siguiente título y me ha dado pie a este post: “El tabaco se ha quedado a años luz de la alimentación como causa de cáncer”, que extrae dicha afirmación de una ponencia realizada por un experto oncólogo. Obviamente, el título es sensacionalista y trata de crear una falsa impresión en el lector.

Ya se sabe que hay “mentiras, grandes mentiras y estadísticas”, una lectura superficial del artículo, o no advertida, nos puede llevar a la conclusión pretendida por su autor, especialmente si somos proclives a aceptarla por apriorismo, de que, primero, el aumento de incidencia de cáncer es alarmante y segundo, es más peligroso cierto tipo (no especificado) de alimentación, que el hábito de fumar ¡Alucina!

Si hacemos una lectura más detallada (y un poco más crítica), veremos que se hace mención a un incremento del “diagnóstico” de cáncer, pero no se habla de la incidencia real. Puedo tener el mismo número de casos que hace veinte años, la misma mortalidad y sin embargo gastar muchas más  etiquetas de cáncer porque mis medios diagnósticos son mejores. Es probable incluso (aunque no siempre ocurre) que gracias a un diagnóstico precoz, precisamente, tenga una menor mortalidad.

Es llamativo lo que nos pasa, la percepción de que vivimos cada vez peor en términos de salud se va extendiendo en el primer mundo. Esa percepción arraiga, ajena a los datos objetivos, en la gente más ignorante y dispuesta a creerse antes víctima de una conspiración que afecta al bienestar de los ciudadanos que de sus propios hábitos tóxicos, entre ellos, como uno de los más destacados, pero no el único, el tabaquismo.

La gran amenaza de la salud del ser humano ha sido históricamente la de las enfermedades infecciosas. Pequeños accidentes, de carácter leve hoy, eran con alta probabilidad mortales para el hombre de Atapuerca, ante el riesgo de infección. En situaciones de hacinamiento, las enfermedades infecciosas fueron un azote para la Humanidad durante muchos siglos. El simple lavado de manos en actos médicos supuso una revolución a mediados del siglo XIX y los antibióticos durante el XX terminaron por reducir drásticamente la mortalidad por infecciones.

La esperanza de vida no ha parado de aumentar en Europa desde principios del siglo XX. Si tomamos los datos de España, la esperanza de vida en 1900 estaba por debajo de los 35 años (promediados ambos sexos). A finales de ese mismo siglo, en solo 100 años, había aumentado hasta los 80 (82 para las mujeres y 76 para los hombres en 2000), en la actualidad supera los 82 años. La mayor incidencia de mortalidad masculina se ha debido siempre a los hábitos: tabaquismo y consumo de alcohol sobre todo.

Vivir produce cáncer, vivir más, produce más cáncer. Si vivimos el doble que hace 100 años (En 1917 los españoles vivían hasta los 40) significa que los procesos degenerativos que afecten a nuestra salud van a tener una incidencia muchísimo mayor por simple estadística. Ello, unido a un desarrollo tecnológico que permite un diagnóstico mucho más amplio, hace que la casuística de esos procesos se dispare.

Sí, sin duda tenemos cada vez más cáncer, porque afortunadamente vivimos más. De ahí lo de la buena suerte. Y sí, hay muchos factores que pueden producir cáncer (entre ellos las cosas que ingerimos), porque el cáncer es el resultado de un proceso degenerativo que afecta a la división celular, con un componente estadístico (y aleatorio) muy importante y de causa multifactorial.

No sé qué clase de crecepelo nos quieren vender los autores, seguramente algún tipo de alimentación hipersaludable que nos pondrá a salvo de tantos males, pero dar pie, a través de un titular sensacionalista, a la idea de que el tabaquismo no es un problema de salud pública tan grave como lo pueden ser otros como la mala alimentación (¿qué clase de alimentación?). O utilizar estadísticas sin explicar su significado, mezclando cánceres de muy diferente pronóstico, es de tarjeta roja.

“Cáncer, el legado evolutivo” de Mel Greaves, es un libro interesante y ameno para quien quiera entender determinados mecanismos del cáncer y que no requiere ningún bagaje de conocimiento de tipo médico. La idea básica es la siguiente (aunque obviamente, el libro da mucho más de sí): la propia evolución se basa en el error en la replicación de la información durante la división celular. Si no existiera ese error, no habría evolución, las células hijas serían siempre perfectamente idénticas generación tras generación. Los errores en la división celular son los que generan la variedad necesaria para que los procesos selectivos actúen dando lugar a la evolución de las especies. Ese carácter imprevisible del proceso de la vida siempre me ha gustado pero, claro, jugar a los dados es lo que tiene. Si tiras un número suficiente de veces, seguro que sacas cinco seises. Para bien o para mal.

Sin duda, hay agentes externos de diversa índole que cargan esos dados, algunos de una forma dramática, como las radiaciones ionizantes o el humo del tabaco y entonces, es mucho más fácil sacar cinco seises. No hace falta tirar muchas veces.

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