Como un campo de fútbol

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La cima del Torreón de Los Galayos es uno de esos lugares emblemáticos de visita obligada dentro del panorama de la escalada peninsular. La sensación de encaramarse a su agudo filo es un caramelo delicioso que cualquier amante de lo vertical debería saborear. Consciente de ello, me hacía mucha ilusión la posibilidad de escalar en Los Galayos. Si además podía ser en compañía de nuestros amigos de Peñalara, perfectos conocedores del terreno, mucho mejor.

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Parte del grupo junto al refugio. El Torreón al fondo. Foto: Elisa Mayor

La idea surgió en la reunión de escaladores de Peñalara y CVCE que celebramos en La Pedriza en mayo. Rafa Domenech y Ángel Santamaría nos invitaron a participar en “La Galayada”. Estos dos amigos llevan ya varios años organizando esta reunión informal y abierta de escaladores para pasar un fin de semana en aquel paraje extraordinario, plagado de agujas de granito. Tomamos buena nota de aquella invitación y aceptamos entusiasmados. Fuimos seis escaladores del Club los que nos comprometimos a acudir: Imanol, Xabi, Jon, Sergio, Juancar y yo. A falta de pocas semanas para el viaje, compromisos familiares para este fin de semana pusieron en peligro mi asistencia, aunque finalmente pude arreglarlo a condición de volver el domingo temprano, renunciando a escalar en Villarejo.

Alguien puede pensar que es un poco friki hacer un viaje de ida de seis horas el viernes y vuelta el domingo otras seis horas (además solo), para escalar un rato con los amigos el sábado. Yo también. Quiero decir que yo también lo pienso. Así, en general. Pero si me dices que vas a poder escalar el Torreón y, sobre todo, en compañía de Nacho y de Ángel, que vas a pasar un rato cenando en la terraza del bar del Nogal del Barranco en manga corta, compartiendo migas, charla y unas cervezas con treinta y cinco amigos después de una larga jornada de escalada, la cosa cambia…

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Foto: Xabi Gardeazabal

A las cinco de la mañana, tras recoger las cosas en silencio, les dejé allí, vivaqueando en el claro de bosque. Mientras devoraba kilómetros por la carretera desierta y revivía las experiencias del sábado, no había un gramo de pereza, ni un átomo de arrepentimiento ante la perspectiva del viaje (y confieso que no me gusta conducir). En estos casos, la aritmética que de verdad vale es la de las emociones…

Y de emociones vine sobrado tras varias horas de escalada atlética y espectacular, disfrutando de las fisuras, de las bavaresas, del tacto áspero del granito y del paisaje de líneas verticales. Fueron tres vías (Murma y Malagón al Torreón y GAME a Las Gemelas) para disfrutar cada movimiento.

Finalmente, la cima del Torreón no me pareció estrecha, al contrario, era ancha y cómoda como un campo de fútbol. No había mejor lugar para estar esa mañana disfrutando de las cosas que nos gustan. Creo que mis dos compañeros de cordada, Nacho Lucas y Ángel Santamaría, tuvieron algo que ver con ello.

¡Muchas gracias, amigos, volveremos a escalar juntos!

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Cima del Torreón, con Nacho y Ángel.

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2 respuestas a Como un campo de fútbol

  1. Joseba Erkizia Itoitz dijo:

    ¿Campo de fútbol? ¿Dónde? Será de futbito, Rafa… Yo solo veo una estrecha raya en la que estáis sentados a caballo:-) Paraje ikusgarria benetan!

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