Las manos de Inés

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Cuando Inés me coge el teléfono, se disculpa y me pide un momento para retirar las albóndigas del fuego. Cocinar es una de sus pasiones, la otra es el atletismo. Empezó tarde a correr, pasados los cincuenta. Animada por su hijo, récordman de Gipuzkoa de 1000m, se entregó en cuerpo y alma a la pista. En estos 25 años ha cosechado toda clase de triunfos en competiciones de nivel nacional o internacional. Madruga para entrenar, día sí, día no.

Pero ahora lo hace porque quiere. Siendo una niña lo hacía para salir al campo a trabajar, para volver pronto con la tarea hecha y dedicarse a bordar con esas manos, poderosas a la vez que delicadas, esas mismas manos que hoy guardan, en los mil pliegues de su piel, la huella de aquellas madrugadas y el brillo de la luna camino del huerto, las del paso de la aguja repetido hasta el infinito,  la de los sonidos extraños de la Quinta Avenida y del gesto automático de atar los cordones de las zapatillas sobre el tartán.

Cogiendo aire antes de dar lo mejor de sí. Como siempre. Haga lo que haga…

Inés Pérez Artacho. Atleta. 79 años. (Dibujo a lápiz, 2020).

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